Transformando creencias para tener una vida más saludable: Mi viaje hacia el bienestar emocional

A los 33 años alcancé mi punto máximo de saturación mental, emocional y física, mi cuerpo padecía una enfermedad autoinmune avanzada, acompañada de dolores estomacales y de espalda persistentes, mis niveles de energía estaban por los suelos y el agotamiento superaba mi día a día.

En medio de una insatisfacción abrumadora, mis relaciones sentimentales eran un constante fracaso, sin darme cuenta de que sacrificaba mis propias necesidades al intentar satisfacer las de los demás. 

Me sentía sola, perdida y sin propósito a pesar de mi notable éxito profesional, debido a que había sido nombrada vicepresidente en la compañía en la que laboraba, con un salario significativo para mi edad y las proyecciones de vida que muchos anhelaban.

Entre el éxito profesional y la insatisfacción personal

La admiración de familiares y amigos por mi carrera profesional y logros alcanzados era extraordinaria, a los 33 años con un gran salario y posición, cualquiera pensaría que la vida sería color de rosa, sin embargo, mi corazón albergaba una ambivalencia constante: aunque tenía todo lo que muchos anhelan, no experimentaba verdadera felicidad.

A pesar de mi insatisfacción personal, mi trabajo seguía siendo mi única fuente de satisfacción porque era el único lugar en donde mi esfuerzo se traducía en reconocimiento, salario y posición pero ni mis relaciones ni mi salud reflejaban el éxito que estaba buscando.

Aprendizajes en la Encrucijada de la Plenitud

¿Alguna vez te has sentido con todo, pero sin ser feliz con nada?, cabe aclarar que mi trayectoria laboral ha sido un sendero de logros que no han sido al azar.

Dichos logros han sido fruto de mi talento, mi colaboración con personas excepcionales y las oportunidades que he tenido en grandes empresas, es por esto que estoy agradecida con la vida por las lecciones y las cosechas recibidas.

No estoy arrepentida de ninguna experiencia, porque estas han contribuido a la mujer que soy hoy, mi trabajo fue el instrumento que el universo y la divinidad usaron para mostrarme que necesitaba ocuparme de mí misma; de lo contrario, la enfermedad y la insatisfacción prevalecerían en mi vida.

Mis noches estaban plagadas de insomnio, ataques de pánico y ansiedad, rechazaba mi feminidad influenciada por las experiencias anteriores provenientes de las mujeres de mi familia, las cuales creían que naciamos para sufrir, esta era la principal razón por la cual no deseaba tener hijos y mucho menos tener una hija.

Te puede interesar: ¿Qué significa calidad de vida? – Comienza el viaje de la transformación personal 

De la desesperación a la autenticidad

En mi búsqueda externa de respuestas, cuestionaba al cielo, la divinidad y a Dios: ¿Por qué me olvidaban? ¿Por qué la enfermedad y la depresión? ¿Por qué mis anhelos no se cumplían, excepto en mi carrera?, en ese entonces desconocía que Dios y el universo no distribuyen la suerte de forma arbitraria; empoderarse y sanar eran tareas que tenía que realizar por mi cuenta.

Sobrevivía sin vivir, sin esperanza alguna, fue ahí cuando tras días y noches de confusión y dolor, llegué al punto de saturación emocional y física, este fue un momento de inflexión en donde comprendí que mi confianza residía fuera de mí, no en mis propias alas.

Así inició mi proceso de transformación personal, al principio desconocía lo que era amarse a sí mismo, pero luego entendí que esa era mi falta real conmigo misma y que el amor propio cura cualquier herida emocional que uno pueda llegar a tener.

También te puede interesar: ¿Estás atrapado en un ciclo de relaciones tóxicas? Descubre el camino hacia la transformación 

Del Despertar a la Plenitud

En mi proceso de transformación, fueron necesarios 35 años para iniciar el despertar y otros 7 para forjar un nuevo camino, convertirme en mi propia solución, reclamar mi poder, sanarme y entender que las soluciones a mi insatisfacción y enfermedades estaban en cultivarme y amarme.

Dejé atrás creencias limitantes y construí mi propia familia, confiando en que sí podría lograrlo, con la esperanza firme en el cielo y los pies en la tierra, teniendo en cuenta mi experiencia de vida no podía ignorar que muchos allá afuera enfrentan confusión y minan su bienestar al tratar de cumplir con roles y expectativas impuestos por el entorno que nos rodea.

Es por eso que decidí compartir mi experiencia para que cada uno construya su propio camino, logrando una vida plena, saludable y sostenible a largo plazo, superando las barreras que hasta hoy no han podido vencer.

“No puedes abrir el capullo de una rosa y hacer que florezca golpeándolo con un martillo… cada uno está listo para despertar cuando debe estar listo”

Lissa Rankin

Angie Hernández Cubillos